CURIOSIDADES · CIENCIA Y NATURALEZA

Infografía de La Perla del Otún sobre hormigas carpinteras que limpian heridas y amputan patas para salvar a sus compañeras

La hormiga que amputa para salvar a su hermana

Una pequeña obrera de hormiga carpintera de Florida tiene una pata herida. Si las bacterias llegan a su cuerpo, puede morir.

Sus hermanas no la abandonan. Y lo que hacen después, hasta 2024, solo se había observado en otra especie del planeta: la nuestra.

Primero, una compañera se acerca y le limpia la herida con la boca, una y otra vez.

Luego muerde la base de la pata, justo en el «hombro», durante 40 minutos o más, hasta que la pata se desprende.

Es una amputación. Y funciona: entre el 90 y el 95 % de las hormigas amputadas sobreviven. Sin ningún cuidado, menos de 4 de cada 10 lo logran.

Erik Frank, Laurent Keller y su equipo documentaron esta cirugía en colonias de laboratorio. Pero, al mirar de cerca, vieron algo desconcertante.

Las hormigas no amputaban siempre.

Si la herida estaba arriba, en el muslo, cortaban. Si estaba más abajo, en la parte baja de la pata, solo la limpiaban.

¿Por qué?

La respuesta estaba dentro de la pata. Los músculos que bombean la hemolinfa, la sangre de los insectos, están sobre todo en el muslo. Una herida ahí probablemente frena el flujo y las bacterias avanzan despacio. Hay tiempo para cortar.

Más abajo, la hemolinfa sigue corriendo rápido. Una amputación de 40 minutos llegaría tarde.

Y las hormigas actúan como si lo supieran. No hay médico ni manual en el hormiguero. Hay una obrera frente a una pata herida, eligiendo entre cortar o limpiar según dónde está el daño.

Y elige lo que salva: solo con limpieza, 3 de cada 4 hormigas heridas abajo sobreviven; sin ella, apenas 15 de cada 100.

Hoy esa hormiga camina con 5 patas y volvió al trabajo. Sigue viva porque una hermana supo cuándo cortar y dónde morder.

Una lección de cooperación

Esta conducta nos recuerda que la supervivencia también puede depender de la colaboración. En el hormiguero, atender una herida no es un gesto al azar: la respuesta cambia según el lugar del daño.

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